Desde pequeño siempre fui una persona poco atlética. Estaba muy delgado, tenía poca fuerza, casi nada de movilidad y nula flexibilidad.
A los 4 empecé a jugar a baloncesto, pero no fue hasta los 13 que me lo empecé a tomar realmente enserio. Me enamoré de este deporte y desde entonces no he parado de jugar. Sin embargo, durante años entrené sin darle importancia al apartado físico. No entendía lo mucho que me estaba limitando eso.
Todo cambió cuando, a los 17 años, me fui a Estados Unidos a estudiar y jugar a baloncesto. Allí me encontré con una realidad completamente diferente: jugadores súper físicos, explosivos, rápidos y fuertes. Me di cuenta de que, si quería competir de verdad, tenía que cambiar. Ahí nació mi obsesión por mejorar mi cuerpo, mi rendimiento y mi capacidad atlética.
Volví con otra mentalidad. Comencé a entrenar mi físico de forma estructurada y consciente, investigando, probando, estudiando todo lo relacionado con fuerza, movilidad, rendimiento y prevención. El año siguiente, empecé a estudiar Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (CAFYD).
Con el tiempo, no solo mejoré como jugador, sino que también me di cuenta de que muchos deportistas estaban en el mismo punto en el que estuve: entrenando sin saber por qué, sin estructura, sin intención. Por eso empecé a compartir todo lo que aprendía en mis redes sociales, donde publico contenido sobre movilidad, entrenamiento funcional, fuerza y rendimiento aplicado al deporte.
Hoy soy jugador de baloncesto en categoria nacional y sigo formándome cada día. Mi misión es ayudar a otros deportistas a construir una base sólida, evitar errores que yo cometí y enseñarles a entrenar como verdaderos atletas: con inteligencia, intención y propósito.